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jueves, 9 de marzo de 2017

Una alternativa radical contra la crisis

Por Antonio Martins

Publicado originalmente en portugués en Outras Palavras: http://outraspalavras.net/posts/uma-alternativa-radical-contra-a-crise/

Traducción al español: Edilberto Afanador Sastre

Nuevos estudios sugieren: al contrario de convocar las poblaciones a sacrificios, Estados deberían imprimir y distribuir dinero- recuperando un papel usurpado por los bancos.

NdT: En Colombia, el endeudamiento externo e interno, la permanente disminución del gasto social, y la Reforma Tributaria como remedio, exprimen el mismo paradigma. Pero lejos de pensar que no hay alternativa, existen mecanismos reales para salir de la crisis.


Lo que comenzó en 2009, como una extravagancia europea, se extendió en los últimos años por el mundo. En respuesta a la crisis financiera, un número creciente de gobiernos comenzó a adoptar políticas de “austeridad”, o de “ajuste fiscal”. En el Viejo Continente, a pretexto de “reducir el déficit público”, se desmonta el Estado de bienestar social. […]Sintomáticamente, el tema nunca va a debate: la casi totalidad de los políticos, los medios de comunicación y “especialistas” aseguran que “no hay alternativas”. ¿Será verdad?
En contraposición a esta nueva manifestación del “pensamiento único” ha crecido en las últimas semanas, una crítica radical. Ella parte de una constatación fácilmente demostrable. En todos los casos, las políticas de “austeridad” amplían excesivamente las desigualdades. O sea, no son neutras: imponen sacrificios a las mayorías, pero amplían los privilegios y el poder de una reducida aristocracia financiera.
Al buscar los mecanismos que producen tal efecto, la crítica encuentra algo inusitado. Las políticas económicas adoptadas en las últimas cuatro décadas permitieron que los bancos capturaran, de los Estados, una condición esencial: la de principales emisores de moneda. Es ese sector, por lo tanto, (en especial las 28 mega instituciones globales, llamadas por el G-20 de “sistémicas) que impone el ambiente “sin salidas” en el que nos sumergimos. 


Sin embargo, -y tal vez aquí esté el aspecto más brillante y libertados de la nueva crítica- el callejón sin salida es apenas aparente.  Las sociedades y los Estados no perdieron las condiciones y los instrumentos necesarios para recuperar el poder usurpado por los bancos. Basta tener voluntad política y sabiduría para actuar.
¿Por qué y cómo la emisión de dinero fue privatizada? François Morín, profesor emérito de la Universidad de Toulouse, ex miembro del Consejo del Banco Central Francés, y uno de los exponentes de la nueva crítica, explica, en una entrevista reciente al periódico francés Libération. La larga ola de liberalización financiera que atravesó el mundo a partir de los años 1970 creó instituciones financieras con poder de actuación global, y capacidad de concentrar dinero, muy superior a los Estados. El balance de los 28 bacos “sistémicos” suma 50,34 trillones de dólares- algo como tres veces el PIB de los Estados Unidos. Para efecto de comparación, considere: son doce veces el volumen total de dólares en circulación en el mundo…

Pero el poder del oligopolio bancario, continúa Morín, no para ahí. Son los bancos (y no los Estados) que controlan los mercados financieros- cambio, bonos de deuda, derivativos, por donde circulan papeles y obligaciones que pueden ser fácilmente convertidos en moneda. Estos mercados mueven 710 trillones de dólares por año, un poco más de 10 veces el PIB mundial. Es con números así que deben ser comparadas cifras como el llamado “déficit primario” que [los Estados nacionales] registrarán. [Sin embargo, el déficit fiscal de cada país es casi nada al lado de] la gran fiesta global de productos financieros. Esta desproporción abismal da una idea sobre el poder que la oligarquía financiera tiene, frente a los Estados.
El raciocinio de François Morín es complementado por otro veterano economista, Adair Turner, ex presidente de la Autoridad de Servicios Financieros de Gran Bretaña, hoy al frente del Instituto para un Nuevo Pensamiento Económico, un thinktank con base en Nueva York. En entrevista a la periodista Lynn Parramore, editora contribuyente de la revista digital norte-americana Alternet, Turner recuerda que el inmenso volumen de dinero en las manos de un puñado de bancos es responsable, por ejemplo, por la especulación inmobiliaria que golpea grandes ciudades [y áreas metropolitanas] en todo el mundo. Faltan aplicaciones para tanto capital, argumenta: apenas una parte puede ser empleada en la expansión de la actividad productiva. Una fracción mayor, gigantesca, acaba financiando operaciones con inmuebles. Como el poder de compra de la oligarquía es descomunal, ella tiene impacto inflacionario sobre los precios y expulsar rápidamente, de las áreas que desea, a la población común.

Pero la contribución más original de Turner es su visión sobre cómo enfrentar el tamaño excesivo de la esfera financiera – causa de la crisis que sirve de pretexto para políticas de “austeridad” y “ajustes fiscales”. Los Estados necesitan actuar de dos maneras, afirma: Primero, reintroduciendo los controles sobre los mercados financieros. Entre ellos los depósitos compulsorios que drenaban, entre el pos-guerra y el inicio del periodo neoliberal, el dinero disponible y el poder de los bancos.
Segundo, el más inspirador, imprimiendo y distribuyendo dinero al público. Turner comenta que se trata de un antiguo tabú a ser destruido. Ya en el Fausto de Goethe, este tipo de acción del Estado era lo que Mefistófeles recomendaba al emperador, en tentación. En tiempos más recientes, imprimir dinero es visto, por el pensamiento económico ortodoxo, como el camino cierto para provocar hiperinflación.
Por medio de una serie erudita de ejemplos históricos, Turner desconstruye este preconcepto. Él demuestra que, así como hay episodios en que los Estados crearon moneda activamente y provocaron hiperinflación, (en Alemania del periodo de la República de Weimar o en Zimbabwe al final de la década de 2010), hay también, innúmeros ejemplos en que este efecto no se produjo.
El caso de éxito más elocuente –porque es el más conocido- ocurrió en la Pos-guerra, en los EUA, Europa y Japón. El esfuerzo bélico había hecho disparar la deuda de todos estos países, en algunos casos hasta el 250% de PIB. Pero las políticas económicas adoptadas después del conflicto priorizaron invariablemente, el aumento del gasto estatal- incluso para financiar el Estado de Bienestar Social. En ningún caso hubo hiperinflación. Por el contrario: los índices de inflación moderados con los cuales las sociedades convivieron, ayudaron a desvalorizar la deuda contraída durante la guerra.

En un tercer texto, sorprendente y mordaz, la abogada, escritora y activista norteamericana, Ellen Brown, aplica otro golpe en la idea según la cual los Estados producen hiperinflación cuando crean moneda. Ellen, creadora del Public Bankink Institute, recurre a la historia del pensamiento económico.  Como se sabe, Keynes, se hizo notable por proponer, en los años 1930s, que los gobiernos movilizaran sus economías ampliando el suministro de moneda. En una imagen sugestiva e irónica, él argumentó que sería útil imprimir dinero y enterrarlo en las minas de carbón, autorizando los desempleados a rescatarlo. Al seguir su receta (mismo que sin exageraciones retóricas), los países occidentales fueron capaces de librarse de la depresión pos-1929, y más tarde, de vivir las tres décadas de prosperidad que se siguieron a la II Guerra Mundial.
Pero la refinada Ellen no se limita a este ejemplo. Ella recurre también a Milton Friedman[1], archi - enemigo teórico de Keynes y uno de los inspiradores del Neoliberalismo. Él defendió, en 1969, que, en algunos casos, la reducción de la oferta de dinero era la causa de las crisis. Y defendió, en estos casos, una salida curiosa: “tirar dinero de helicópteros”. 

Paradoja final: de cierta forma, la idea de imprimir dinero pasó a ser empleada, desde 2009, por el Banco Central de los Estados Unidos (Federal Reserve o FED); y, algunos años más tarde, también por el Banco Central Europeo (BCE). Sin embargo, con sentido y resultados inversos. No se trató de crear moneda y distribuirla socialmente, con el objetivo de contrarrestar el poder de la oligarquía financiera; Al contrario, de imprimir dinero para darlo a los super - ricos.
Por medio de iniciativas conocidas por el nombre hermético de quntitative easing [flexibilización cuantitativa], FED y BCE emitieron, en los últimos cinco años, respectivamente, US$4,5 trillones y E1, 1 trillón de euros. El dinero no fue ofrecido a los desempleados, ni tirado desde helicópteros, fue usado para comprar títulos públicos- o sea, dirigido exactamente a la élite global que cada vez se diferencia más del restante de la sociedad. En Europa, se practica simultáneamente el quantitative easing y la auteridad. O sea, se disminuye el dinero de los programas sociales, pero se distribuye por cantidades al 1% más rico.

Fue frente a esta distorsión surreal que el actual líder del Partido de los Trabajadores británico, Jeremy Corbin, pasó a defender, en julio último, la reversión completa de la iniciativa, de modo a convertirla en un  quantitative easing for the people. “Defiendo un reequilibrio, que implica sacar recursos de las finanzas para los sectores sustentables de la economía del futuro”, dijo. También afirmó que, “ Una de las opciones será dar al banco de Inglaterra un nuevo mandato- el de renovar nuestra economía para invertir en vivienda de larga escala, energía, transporte y proyectos digitales. En suma, quantitative easing para las personas, en cambio de dárselo a los bancos.
La propuesta se volvió uno de los puntos centrales de la campaña de Corbin como líder del Partido de los Trabajadores. Al final, él obtuvo una victoria inesperada y arrolladora, mismo enfrentando una máquina partidaria poderosa y hostil. El resultado revela: en nuestra época contradictoria, defender que los Estados impriman dinero y distribuyan entre las sociedades puede ser más que una forma de enfrentar los vientos conservadores y restaurar la política como medio de inventar un futuro colectivo.



[1] Milton Friedman, Optimum Quantity os Money, Aldining Publishing Company, 1969, p.4.

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