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miércoles, 25 de septiembre de 2013

El caso de Huevos Santa Reyes y Rincón Santo



De las contradicciones de la transformación de lo rural en urbano

Quién conoció Rincón Santo en los años 50, sabe que esa parte de Cajicá tenía una configuración completamente rural en esa época. Quién la conoce ahora no conseguiría imaginarse la dinámica de la vida típicamente campesina, centrada en las labores de la siembra y la cosecha, las idas y venidas a Rio Grande a lavar ropa, a pescar y a nadar, los vallados, el canto de los sapos y la increíble visión nocturna de las estrellas, posible por la completa ausencia de luz eléctrica.




Criar gallinas y obtener huevos era parte integral de la rutina campesina de cada familia. Las pocas casas que había, todas, tenían sus animales y estos eran parte del paisaje y de la dieta de los habitantes. El excremento de las mismas se integraba a la tierra y hacía parte del ciclo natural de las cosas. Así fue, ciertamente durante siglos. En los años 50 nadie podría imaginarse que en tan poco tiempo, ese elemento, las gallinas, sus huevos y sus excrementos pudieran transformar tanto la vida de una comunidad.



Dos procesos de transformación son bastante fuertes en las últimas décadas en Rincón Santo:


1. El paso de procesos de producción agrícola tradicional a procesos de producción agro-industrial intensiva.

2. El cambio una configuración rural a una configuración urbana.

Estos dos procesos se han vivido concomitantemente, uno está implicado en el otro. Puede decirse que son las dos caras de la misma moneda.

De la misma manera que Huevos Santa Reyes, varias pequeñas productoras de huevos y de carne de gallina se instalaron en las áreas rurales de Cajicá a lo largo de las décadas de 50 y 60. Sin embargo, de todas ellas, Huevos Santa Reyes se destacó por su capacidad de implementar constantemente innovaciones que generaron dos elementos que antes no existían: 1. Un modelo de producción capaz de concentrar una gran cantidad de aves y de trabajadores en un mismo lugar. 2. Su capacidad productiva fue permanentemente aumentada gracias a la renovación constante de las tecnologías de producción incorporadas hasta alcanzar la escala industrial. En la foto observe el tamaño de la empresa, una verdadera industria:




En estas nuevas condiciones, lo que antes era una producción campesina de carne de ave y huevos para consumo familiar y local, pasó a ser un proceso de producción industrial para el mercado consumidor de la capital de la República. Y lo que antes era hecho de manera dispersa en el territorio rural pasó a ser una actividad concentrada e intensiva, pero en un escenario cada vez más urbano.

De hecho, al aumentar permanentemente la demanda por mano de obra, se operó el otro fenómeno, muchos de los trabajadores de la empresa fueron a vivir en sus proximidades, con lo cual creció alrededor de la misma una comunidad robusta y cuantitativamente numerosa. A esta nueva población se sumó otra: las familias que estaban buscando una alternativa para vivir fuera de Bogotá y llegaron en las últimas décadas buscando un espacio campestre que les brindara aire limpio, silencio y la calidad de vida del campo.

Rincón Santo dejó de ser área rural oficialmente en el PBOT del 2001. Desde entonces es entendida como Centro Poblado, rodeado por un área rural sub-urbana, que concentra bastante población en un tipo de vivienda de características urbanas que aquí se entiende como ¨vivienda campestre¨. Así, Rincón Santo, al reunir en el mismo territorio una actividad industrial y un proceso de urbanización comenzó a presentar problemas típicos de las ciudades mal planificadas.

Los procesos industriales aumentan la productividad y generan empleo, pero también traen impactos ambientales y sociales considerables. El caso de huevos Santa Reyes es típico. Su intensa actividad productiva implica la generación de una gran cantidad de toneladas de excremento. Ese material es aprovechado a partir de procesos de manipulación y transformado en otro producto llamado gallinaza. El problema consiste en que la cantidad de excremento manipulado provoca la liberación de partículas capaces de contaminar profundamente el ambiente entorno. El radio de contaminación crece proporcionalmente en la medida que aumenta la capacidad productiva de la empresa. Así, lo que en los años 60, 70 y 80 era apenas percibido como un mal olor muy localizado, en los años 90 ya incomodaba a todos los habitantes de Rincón Santo y en la primera década del siglo XXI incomoda a buena parte del territorio de Cajicá. Los olores de gallinaza invaden especialmente al final del día y durante toda la noche diversos sectores de Rio Grande, Capellanía, a Estación y el Centro del municipio. Durante el día se sienten también en la Universidad Militar hacia el norte.



El impacto ambiental es intenso. Pero no es apenas el mal olor lo que preocupa. Las familias que viven cerca de la empresa hacen lo que pueden para controlar el malestar causado por la pestilencia de la gallinaza. Ese factor afecta la vida familiar y la vida social. Las familias tienden a vivir de puertas y ventanas cerradas y cada vez más evitan las actividades en los exteriores de las casas. Evitan reuniones sociales y fiestas familiares las cuales se tornan imposibles en un lugar en donde moscas y mal olor imponen el malestar. Estos aspectos, podrían llamarse íntimos de la vida social vienen sufriendo. Pero, también son afectados aspectos de la vida social colectiva y las actividades propias de la misma, por ejemplo, el caso de la educación. En el sector hay dos colegios que concentran cotidianamente más de 1500 estudiantes y profesores. Las actividades académicas son permanentemente afectadas por el mal olor, especialmente fuera de los salones de clase.

Pero la mayor preocupación es con la salud de los habitantes del sector. No hay en Cajicá, estudios realizados en este sentido, pero hay que preguntarse, ¿cuáles son los efectos sobre la salud de una población expuesta cotidianamente de manera intensa a partículas fecales animales concentradas en el aire que respiran?


Es claro, que una actitud inteligente, no debe esperar a tener manifiestos los efectos negativos en la salud de la población. El Ministerio del Ambiente y el Ministerio de Salud tienen información suficiente sobre el tema, como para saber que esa combinación, atmosfera contaminada de gallinaza y población, es una ecuación peligrosa, en la cual, la población humana, sufrirá las consecuencias.



Huevos Santa Reyes, Rincón Santo y el Nuevo PBOT

La convivencia entre esta industria avícola y la comunidad ha vivido un proceso de deterioro a lo largo de los años. Se deteriora en la medida en que crece, de un lado, el impacto negativo de la gallinaza y, de otro lado, el proceso de urbanización del territorio.

Con el proceso de urbanización es normal que aumenten también las demandas por la mejora de la calidad de vida. En el caso de Rincón Santo, muchos aspectos han conseguido ser mejorados. Sin embargo, la calidad de vida del sector sufre el impacto de la contaminación atmosférica creciente causada por la gallinaza. Un conflicto creciente se ha venido consolidando desde el final de los años 90. Con la instalación del Colegio Newman, este conflicto silencioso adquirió voz y un representante. Las directivas del colegio, afectadas en su labor, han encaminado diversos procesos legales ente instancias locales, regionales y nacionales sin que hasta ahora hayan conseguido resultados significativos.



Pero el conflicto no se restringe a una polarización entre colegio y empresa. La comunidad vive su propia división de intereses. Una parte de la población defiende la permanencia de la empresa y de su actividad y otra parte de la comunidad demanda que la empresa cambie de lugar. Los defensores son en general personas y familias de baja renta, empleadas de la empresa o cuya economía depende de la empresa. 

Defienden, básicamente su fuente de ingresos y tienen miedo de perderla y quedarse improductivos. La otra parte de la comunidad defienden su derecho a una calidad de vida, a la salud y al bien estar y tienen miedo de las consecuencias que puedan sufrir al mantenerse sometidos a la contaminación por tiempo indefinido. 

De manera más diluida también se perfila un malestar de la población de sectores más distantes que ya se manifiestan abiertamente sobre el tema.

El conflicto social ya ha presentado elementos más graves. Moradores de Rincón Santo que trabajan en la empresa y moradores de Rincón Santo que no trabajan en la empresa, viven en tensión mutua. Unos y otros se sienten amenazados. Hay relatos de agresiones mutuas. Es decir, las relaciones al interior de la comunidad se vienen deteriorando. Pero esto no es lo más grave. Lo peor es que hay personas que han sido agredidas por defender los cambios necesarios a favor del medio ambiente. Han recibido amenazas anónimas que llegan desde exigir que se callen la boca, pasan por decirles que se vallan y llegan hasta la amenaza de la propia vida. Cabe preguntar si será necesario esperar a que el conflicto social produzca muertos en nuestro municipio.


Las autoridades locales han respondido que, dada la configuración del PBOT del 2001, Huevos Santa Reyes tiene licencia para producir. Es decir, la empresa, en principio, está ubicada en un sector clasificado como apto para la producción agropecuaria. Este es otro elemento de conflicto. El conflicto por los usos del suelo. Al final, si miramos el PBOT de 2001, lo que vemos es que ese sector es apto para agricultura tradicional. ¿Por qué entonces, una empresa de carácter industrial, de producción intensiva, se mantiene en un lugar dedicado a agricultura tradicional, cuyas características son completamente diferentes, en su tamaño y en sus impactos?

Es verdad que históricamente Huevos Santa Reyes inició con una configuración que podía clasificarse como agricultura tradicional. Pero esa configuración hace por lo menos dos décadas no existe más. En los últimos 30 años, la empresa intensificó su productividad hasta transformarla en un proceso industrial. Por lo tanto, debería haber ocurrido, ya en esa época una migración de la misma para un área apta para ese porte. Es decir, para la zona norte de Cajicá frente a Planta de Soda o Tejidos Santana. Nuestra zona industrial.

¿Cómo, a pesar de la necesidad de cambiar, logró mantenerse en su local de origen? Esta es una trama que la sociología conoce bastante bien. Es que las relaciones entre empresa y comunidad en Colombia, van más allá de la dupla producción-empleo. Son relaciones que extrapolan lo económico y se encuentran con lo cultural y lo político. Relaciones de trabajo que están permeadas por demandas no formales de parte de los trabajadores que en un determinado momento se presentan como comunidad.

Las relaciones de trabajo, mediadas por el salario, son metamorfoseadas en relaciones informales, en las que algunas compensaciones son demandadas por las comunidades y ofrecidas por los empresarios, de manera a mitigar los efectos perversos de los bajos salarios. Este tipo de relación establece lazos de dependencia mutua entre empresa y comunidad de empleados. La empresa hace donaciones cíclicamente favoreciendo determinadas actividades, fortaleciendo determinados liderazgos y proyectos comunitarios. Así favorece, ayuda, da apoyo, fortalece las comunidades. Pero al mismo tiempo las vuelve dependientes, disminuye la capacidad de las mismas de organizarse, de proyectarse y de reivindicar sus derechos. Es este el punto en el cual el favor del empresario se transforma en una forma de perversión de la cultura. El empresario adquiere un aura especial en la cual, al hacer favores personales o colectivos, aparece como un benefactor de la comunidad, y por lo tanto, completamente ajeno a la posibilidad de recibir críticas y demandas que impliquen cambios reales en la relación de derechos tales como el del trabajo, el de la salud y el del cuidado con el medio ambiente.



Pero esto no basta. No es suficiente cooptar la comunidad, someterla a punta de donaciones. Si las autoridades operaran efectivamente en la aplicación del derecho, ciertamente, una empresa contaminante seria procesada y apoyada en la resolución efectiva de sus problemas. En este caso, sería facilitada su migración para un área en donde su actividad industrial y contaminante no afectara directamente a las comunidades del entorno.

Pero nuestra realidad hace que el camino sea otro. La empresa entra en relaciones personales con los políticos de turno. Los apoya económicamente en sus campañas y procesos electorales, una vez electos les ofrece diversas ayudas con donaciones de productos y así el círculo vicioso está establecido. Así como a través de favores personales la empresa coopta las comunidades, también lo hace con las autoridades.

Este es el otro conflicto, el de lo público con lo privado. Lo público se vuelve privado cuando lejos de aplicar lo que está escrito en las normas, favorece actores que las violan. Omitir el derecho es violarlo. Al final de cuentas, ¿Cómo aplicar el derecho a quien destinó y destina recursos para favorecer nuestras aspiraciones políticas? Es así como se pervierte también la política. Vienen los homenajes y las medallas para dejar constancia de las alianzas. Es que la empresa hace muchos favores, argumentan.

Otra cosa sería homenajear una empresa porque cumple con las normas, con el respeto por el derecho al trabajo, por el respeto con las normas ambientales, por su responsabilidad social. No es el caso.

Pero viene un nuevo PBOT y la empresa siente que su cómoda situación puede ser afectada. Viene un nuevo PBOT y las inconformidades alcanzan alguna expresión. Voces pequeñas pero aisladas demandan los cambios necesarios. ¿Qué ocurre entonces?, ¿Qué debe ocurrir?



Ocurre que se discute una vez más un modelo de ocupación del territorio. Debe ocurrir que sean corregidas las situaciones en las que, lo que se hace en el territorio no es más funcional a todos los actores que lo ocupan. Ese es el caso de Huevos Santa Reyes.

Huevos Santa Reyes, una industria avícola de alto impacto ambiental, está funcionando en un espacio urbano, en el cual afecta la salud colectiva. Debe salir de allí y reconfigurarse en otro espacio apto para desarrollar su actividad sin afectar a nadie.

El interés colectivo y el público deben primar sobre el interés particular. Es simple.

Por eso resulta inadmisible lo que hizo Huevos Santa Reyes durante el proceso de socialización del PBOT realizado el pasado viernes 20 de septiembre de 2013 en el salón comunal de Rincón Santo. Organizó a sus empleados y moradores del lugar para ir al evento y demandar que ningún cambio fuera realizado en el PBOT.

Ese es un acto de cooptación de una comunidad. Pervierte el derecho a la participación ciudadana.

Si el problema es la posible pérdida del empleo y los impactos que eso causaría en las familias vinculadas a la empresa, lo que debe ocurrir es un acto de concertación con las autoridades que garantice que al migrar, la empresa mantendrá a sus empleados. Si esto no es posible, se debe concertar con la empresa y con la participación de recurso público, inversiones que garanticen a esta comunidad nuevos empleos, capacitación, créditos, etc. Proyectos que garanticen la transición hacia otras fuentes de renta.

La nueva configuración que tiene Cajicá y la que tendrá en el inmediato futuro demandan un cuidado especial con las decisiones que se tomen en el PBOT que se discute actualmente. Una de ellas es la máxima coherencia en las nuevas definiciones de uso del suelo. Eso, en cualquier hipótesis, implicará la inevitable retirada de esa industria de Rincón Santo hacia un área apropiada para su actividad productiva.



La industria cajiqueña debe llegar al siglo XXI en todos los sentidos: ser competitiva e innovadora. Ser inteligente y sostenible. Pero también ser, ambientalmente correcta y socialmente responsable. Este es nuestro desafío para Huevos Santa Reyes. Que sea una empresa ejemplo y lidere también en estos aspectos.















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5 comentarios:

  1. Buen análisis, lo mejor sería la re-ubicación de la planta y en caso de perderse empleos que los trabajadores liquidados compren el terrero y vendan la gallinaza para que no sea almacenada ni tratada en la misma planta.

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    1. Con resposnabilidad social se deben pensar proyectos de inclusión social a travez de nuevos empleos o de créditos y capacitación para empreendedorismo. Es decir, el tema del empleo no es problema sino solución. La gran cuestión aqui es de salud pública como derecho fundamental y colectivo.

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  2. Trabajar a favor del desarrollo sostenible no sólo significa compensar parcialmente las
    externalidades negativas de la empresa a través de proyectos filantrópicos, considerando aquéllas como efectos perjudiciales colaterales que pueden “compensarse” mediante, por ejemplo, el patrocinio de plantaciones de árboles. La empresa puede ir más allá de la compensación en el terreno ambiental, ya que el modelo de desarrollo sostenible debe respetar también los equilibrios entre la dimensión económica y la social, así como entre ésta y la protección del medio ambiente.

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    1. Tiene razón. La empresa y yo agrego la política pública, deben ir más allá y alcanzar integralmente varios temas: sostenibilidad ambiental, responsabilidad social y derechos humanos, entre otros.

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  3. la responsabilidad social está demostrada en este artículo escrito por Edilberto a quien le "duele" ver transformada la "fortaleza de Piedra" en qué piedra, qué mal genio ver a Cajicá transformada en "fortaleza de Cemento" y la responsabilidad Social y Ambiental, en dónde quedan ? Por eso de llama medio ambiente, nadie lo ha podido completar y qué opinan los Santos Reyes de la contaminación ambiental? (Santa Reyes), el olor va desde la U. Militar, hasta el Centro de Cajicá. Excelente artículo para la Nueva Cajicá representada en Nuestro Territorio..,qué dirá el Cacique Kajic y su tribu ??

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